1. Elegí el chocolate amargo.

El cacao es una grasa buena y tiene poderes antioxidantes, pero solo si se lo consume lo menos adulterado posible. Si querés hacer un chocolate casero súper saludable mezclá partes iguales de cacao puro, aceite de coco y miel. ¡Queda espectacular!

2. Evitá al azúcar en todas sus formas.

Sobre todo hasta los 2 años. El azúcar es adictivo y los chicos siempre vuelven por más. No los sacia, no contribuye a su buen desarrollo y eleva las chances de padecer obesidad y diabetes.

3. Incorporá una grasa buena en cada comida.

Puede ser aceite de oliva, aceitunas, palta, nueces, semillas, ¡Hay un montón!. De esta forma vas a elevar el colesterol bueno y colaborar con el desarrollo y el buen funcionamiento neurológico de tu hijo.

4. No le tengas miedo al huevo.

Es un excelente alimento, contiene grasa buena en la yema y proteína en la clara. Pensemos que es la fuente de una futura vida, por lo que tiene un sinfín de propiedades. Podés incorporarlo en muffins, omelettes, tortillas y tartas.

5. Reducí las harinas blancas.

Intentá sustituí el gluten por harinas que no lo tengan (ocasionan trastornos digestivos y son inflamatorias). Podés probar con harina de coco, de arroz, de mandioca, de almendras, de garbanzos, de lentejas y hasta de arvejas. Podés comprarlas en las dietéticas o triturarlas en tu casa. ¡Hasta las milanesas las podés rebozar sin usar harina tradicional!

6. ¡Sumá fibra!

Elegí siempre los granos integrales versus los granos refinados. Tienen más fibra, disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y colabora con la salud intestinal.

7. Comprá un buen aceite de oliva.

Elegí de primera prensada, extra virgen y de extracción en frío. Lee siempre las etiquetas. Hay tantas calidades de aceites como de vinos.

8. Descremados.

No le des a tu hijo productos descremados, la crema es una grasa buena. Los niños necesitan la grasa de la leche para su desarrollo y crecimiento.

9. ¡Activá los frutos secos, las legumbres y los cereales!

Esto ayuda a una buena digestión y asimilación de nutrientes. Por ejemplo, si vas a comer un arroz integral con lentejas. Deja en remojo el arroz y las lentejas (juntas sin problema) la noche anterior. Además, la cocción es mil veces más rápida y es increíble ver cómo el grano o legumbre triplica su tamaño y parece cobrar vida.

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